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ÉTNIAS DEL BICENTENARIO
El sonido del viento despierta raíces y el hechizo de un nombre indio enciende antorchas en los trigales, alumbran las espigas de una época mezcla de tierra virgen, cielo, agua...
Iris de plata baja serpenteando del cerro, embrujo de luna, piel, misterio de mujer que aún sigue rondando los fogones del paisaje arisco.
Resucita sobre el grial de los luceros, crece en la geografía de los pueblos, las lenguas, como racimo maduro en primavera de siembra y cosecha.
Y se extiende por el verdor espejado de sus aguadas antiguo refugio en el invierno, de una estirpe altiva y símbolo tehuelche en sus dominios.
!Grávida en sueños! la tierra siente latidos... del Rey, señor de la meseta, bebe la noche, danza con fuegos del alma !y escucha al corazón!
se dilata por la huella... en encorvados silencios, meridianos clarísimos se deshojan entre horizontes y memoria.
De ese vuelo viene la herencia, chispa cultural, la perciben los matices acariciando las étnias del Bicentenario.
Más allá, el despliegue del águila cincela señales en tiempos de retos y roza las voces frescas de la América india, las manos se unen en un sólo himno... libertad, esperanza
la sangre bulle... y en el vientre, palpita la vida.
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